miércoles, 1 de abril de 2026

Sobreviviendo en el Infierno

 Una cicatriz más en el cuerpo, un poco de dolor físico para aliviar el tormento interior que arrastro de todo lo sucedido estos días. ¡Tantas cosas de las que hablar! Pero eso no importa, lo que importa es que hay otro dolor más mi alma que necesita sangrar para poder salir al exterior. 




Uno más, éste visible, de decenas de cortes que arrastro este año. pero que ya no he querido esconder. 

La sociedad es una mierda y vivo con ello. Vivo con la estupidez de la gente sintiéndome siempre fuera de lugar, intentando aparentar normalidad, riendo para esconder mis gritos internos.... Pero hoy no he podido más. 

¿Qué ha pasado? Realmente podría ser una pequeña bronca más, una de tantas en las que mi madre y mi hermana acaban discutiendo. Sé que unas veces la razón la tiene una y otras veces la otra; pero he de decir que el último día que estuve por allí ya tuvimos problemas por cosas que mi madre interpretó como ataques de comentarios normales con mi hermana. Y no, no puedo negar que sí que veo que está excesivamente "sensible" a cualquier cosa que diga ella, que a veces puede ofender, pero muchas otras son palabras normales y no ataques; simples comentarios que no deberían ofender y que acaban provocando enormes situaciones de tensión.

Todo ha sido por una puñetera lavadora. Sí, se me ha roto, la he intentado arreglar y ha sido en vano. Al comentárselo a mi madre ha quedado en que mi hermana buscaba una pero la pagaría ella (yo quería algo barato, no voy a entrar en cuestiones económicas pero llevo en poco tiempo: ordenador, coche, moto... y ahora lavadora, y el mes que viene toca pagar seguros y quiero tener dinero para ello). 

Una explosión por motivos que desconozco, puedo imaginar algo de cómo han sido las cosas pero sin tener la certeza, pues no estuve allí... Pero al final no puedo evitar pensar que todo ha sido por mi culpa. 

Y sí, claro que he vuelto a pensar en quitarme del medio de una vez, como lo pensé también antes de que mi sobrina fuera a Malta (simplemente no quería joderle las vacaciones). Pero uno no para de preguntarse para qué aguantar aquí viendo todo el mal y toda la mierda que hay. 

Mi cuerpo ya está como debió de quedar el de Cristo tras su suplicio. Salvo que la mayoría de las cicatrices están donde la ropa normal y una camiseta puede ocultarlas. Cicatrices que tras siete años de alma rota, no por desamor sino por la traición sufrida y el trato recibido después por aquellos que debían haber buscado justicia y sólo buscaban un culpable, deben de contarse por cientos. 

Durante todos estos años no sé cuantas veces he intentado quitarme la vida de forma desastrosa. Siempre fallando pese a que las dosis eran, según la información médica de internet, las adecuadas. 

Yo nunca tuve el valor que tuvo Noelia Castillo de intentar acabar con mi vida de una forma tan violenta porque mi miedo al destino, al no ser yo el dueño de la fecha de mi  muerte, me hacía creer que podía acabar con más sufrimiento del que ya arrastro. Yo quiero irme en calma (y aunque pienso hablar de su caso, éste no es el momento).

Aquí sigo, tras dieciséis años escribiendo mis gilipolleces en un blog que ya no leerá nadie. Me desahogo. O lo intento... 

Mientras intento aferrarme a pequeñas cosas y el caos me come cada día más, sin que me encuentre con fuerzas para evitarlo.  

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