Como un ermitaño vivo enclaustrado evitando el contacto con la sociedad que me rodea.
He salido un momento a tirar la basura y me el olor de la ciudad mojada por estos días de lluvia me ha transportado al pasado, recordándome por un momento quién fui antaño. He sentido a aquel adolescente que deseaba estar fuera de casa todo el tiempo, huyendo de algo de lo que nunca podría huir, pero al menos no derrotado como el alma vieja que conduce mi cuerpo.
Ahora sólo me quedan esos recuerdos del pasado; la promesa de volver a lugares que marcaron mi vida (aunque lo vaya postergando) y los recuerdos que he atesorado durante una loca vida de descontrol intermitente. ¿Volveré alguna vez a sentirme como aquel chaval al que tanto extraño? Lo desconozco y lo veo poco probable, pero si alguna vez rezo al Universo es precisamente para poder recuperar esos momentos que no supe apreciar.
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