viernes, 24 de julio de 2026

Al chico del que vengo, al menos tú viviste.

 Estoy muerto. 

Sí, es así de sencillo. Hay muchas formas de considerar que una persona está viva, independientemente de que sea feliz o no, sin embargo mi caso es distinto: estoy hueco por dentro y, cuando logro sentir alguna sensación simplemente es el vacío y la inutilidad de mi vida. 

No soy joven, camino de los cincuenta me parece estúpido ese discurso que tanta gente enarbola  de "pero hoy en día eso todavía es joven"... Vale, no soy un anciano todavía pero joven  no. No tendré nunca una familia ya y mis sueños se han desvanecido junto con la ilusión de la vida. Existo esperando día tras día el momento en que todo se apague y mientras, con desesperación, la oscura evolución que lleva el mundo. La llevo viendo desde que era un niño pero en mis sueños SÍ podía hacer algo por cambiarlo o combatirlo. Hoy en día, al contrario y aunque no pueda decir que me dé igual, me doy cuenta de que no hay opciones, de que todo está perdido y hay cosas que tienen que ocurrir sí o sí.

Siempre supe que acabaría solo y durante casi cuarenta años luché contra ello, enamoradizo como era, con alguna niña, chica o mujer en la cabeza, dependiendo de la etapa de mi vida en la que me encontrase, buscando algo que pudiera reconfortarme en esta vida de mierda. Pero ya hace más de un lustro que mi corazón quedó destruido por completo y mi alma se agrió. 

Se ha cumplido la profecía de mi soledad como se cumplió la de que arrastraría problemas de salud. 

Puedo decir que tuve unos años, pocos, en los que viví a todo ritmo pero esa persona dejó de ser yo hace demasiado tiempo. 

Es como si algún tipo de gangrena se hubiera extendido por todo mi ser y hubiera consumido completamente la esperanza. 

Ahora sólo espero; sí, a veces sueño, pero al final mi realidad es sólo esperar. 

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