En ese tortuoso camino que puede ser la vida algunos acabamos encontrándonos, por desgracia, con gente que consigue destruirte. A veces lo hacen porque no les importas y con ello consiguen algo de ti, otras por el simple placer de hacerlo... Y, por desgracia, también puedes encontrarte a alguien que cumpla ambos requisitos.
Hoy podría escribirte, tantos años después, para recriminarte muchísimas cosas pero he decidido saltármelas todas y agradecerte, si es que puede denominarse así, lo que he aprendido de esa experiencia.
Lo primero de todo es lo mucho que debo de valer para que siempre te sintieras a la sombra de mi persona cuando estabas a mi lado. Todo lo hice fue ayudarte y si tu vida ha mejorado ha sido gracias a mi apoyo y mi ayuda, a que en cada tropezón, cada vez que dudabas de ti o no veías futuro, yo ponía mi hombro al lado para que te apoyases y te decía: "Puedes conseguirlo"; si después de todo lo que ha pasado, tu vida sigue siendo tan miserable como esa mañana que nos cruzamos por primera vez, será sólo por tus propios méritos y no por falta de ayuda.
En cambio yo, tras estar hecho añicos durante años y dudando incluso de una realidad que tenía tan clara, he tenido tiempo para analizar toda mi vida y darme cuenta de que siempre he estado ahí para casi todo el mundo. Sí he fallado a alguien, a mis padres, a los que debo mucho más que todos esos disgustos y preocupaciones que les he dado. A ellos, aunque sigamos queriéndonos igual, sí les he fallado por no estar a la altura de lo que se merecían. De eso sí soy responsable.
Tus lecciones ha sido importantes: Mis límites importan, YO importo. El respeto importa. Lo hacen también cosas que desconoces como la lealtad o la honestidad, el hecho de tener unos valores y seguirlos, el que no importa lo que digan de ti si tu sabes que has hecho lo correcto y que de nada vale que te vean como a una bellísima persona si estás podrida por dentro.
Importa la opinión que yo tenga de mí y la de aquel pequeño círculo de personas, cada vez más pequeño, a las que realmente quiero.
Y dentro de mis tonterías y mis problemas del día a día, estoy en paz contigo y, mucho más importante, lo estoy conmigo. Eso es lo que realmente tiene valor: mi paz.
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